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La Fundación

La Fundación San Vicente de Paul pertenece a la Sociedad de San Vicente de Paul, una organización internacional, que entrega ayuda a personas con diferentes carencias. Fue fundada en París, en 1833, por un grupo de laicos católicos liderados por el Beato Federico Ozanam.

En 1854, nació en Chile la primera Conferencia de la Sociedad de San Vicente de Paul, que hoy tiene presencia en todo el país, constituyéndose como una de las fundaciones más antiguas y con mayor cobertura en Chile.

En la actualidad, impulsa 40 obras en educación, cuidado de personas mayores, niños en situación de riesgo social y personas con discapacidad mental.

Más de 1000 trabajadores y cientos de voluntarios son los ejecutores de esta gran red de solidaridad, que atiende alrededor de 7.000 beneficiarios.

Trabajadores y voluntarios forman parte de las Conferencias de Caridad la unidad básica que sustenta esta labor de servicio.

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Red de Colegios

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Escuela Agrícola San Vicente de Paul

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Colegio Federico Ozanam

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Colegio San Vicente de Paul

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Colegio Santa Teresa de Los Andes

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Colegio San José de Renca

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Colegio Manuel José Irarrázaval

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Colegio Ozanam

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Escuela Industrial San Vicente de Paul

San Vicente de Paul

Nació en Ranquine (Francia) el 24 de abril de 1581 y fue el tercero de seis hijos. Desde pequeño demostró interés por ayudar a los pobres.

Ingresó a estudiar con los franciscanos y en 1596 estudió Teología en Zaragoza y Toulouse. A los 19 años recibió el sacerdocio. San Vicente confiesa en los inicios de su sacerdocio que lo único que le interesaba era hacer una carrera brillante, sin embargo Dios le tenia preparado algo muy distinto. Dios lo purificó con tres sufrimientos muy fuertes: viajando por el mar, cayó en manos de unos piratas turcos los cuales lo llevaron como esclavo a Túnez, donde estuvo en 1605, 1606 y 1607 en continuos sufrimientos.

Logró huir del cautiverio y llegar a Francia. Allí se hospedó en casa de un amigo, pero a este se le perdieron 400 monedas de plata y le echó la culpa a Vicente y por meses estuvo acusándolo de ladrón ante todos los que encontraba. El santo se callaba y solamente respondía: “Dios sabe que yo no fui el que robó ese dinero”. A los seis meses apareció el verdadero ladrón y se supo toda la verdad.

La tercera prueba fue una terrible tentación contra la fe, que aceptó para lograr que Dios librara de esa tentación a un amigo suyo. Esto lo hizo sufrir hasta lo indecible y fue para su alma “la noche oscura”. A los 30 años escribe a su madre contándole que amargado por los desengaños humanos piensa pasar el resto de su vida retirado en una humilde ermita. Cae a los pies de un crucifijo, consagra su vida totalmente a la caridad para con los necesitados, y es entonces cuando empieza su verdadera historia gloriosa.

Todas estas experiencias fueron un excelente entrenamiento para su misión apostólica. Además, su bondad, su inteligencia, su delicadeza, se imponían siempre. Se pone en contacto con el maestro espiritual Berulle. Desde ahora, muchas personas de la aristocracia se dirigen a él y le ayudarán.

Un día desapareció. Quería una vida más sencilla. La parroquia de Chatillon se transformó. De París le urgían que volviera. No lo consiguieron hasta que la jerarquía se lo mandó. En Chatillon lo lloraron.

En París continúa las prodigiosas obras de caridad que empezó en Chatillon. Organiza cofradías, atiende y defiende a los condenados a las galeras. Conoce su vida lastimosa: expuestos a toda inclemencia, reciben azotes e insultos, sin esperanza alguna. Recorrió galeras y cárceles. Así consiguió cambiar la legislación y un trato mas humano para ellos.

Funda la Congregación de los Sacerdotes de la Misión, para reformar el clero, dirigir seminarios y dar misiones.

Su trato con Luis XIII y con la regente Ana de Austria le será muy útil para sus obras de caridad. Forma asociaciones para atender a tantas necesidades creadas por la guerra: pobres, hambrientos, golfillos, enfermos.

Donde habían necesidades, allí esta San Vicente. Él decía “. Los pobres serán nuestros jueces. Solo podremos entrar en el cielo sobre los hombros de los pobres”.

Funda las Hijas de la Caridad con Santa Luisa de Marillac en París, en 1633. Convirtió a jansenistas y hugonotes, también dirigió almas santas. Escribió cartas, memorias, conferencias. Y siempre aparece el hombre de acción, amigo de los pobres, organizador de la caridad, era un apóstol y un hombre santo. Sus Hijos e Hijas, y las Conferencias de San Vicente de Paúl; fundadas por Ozanam, continúan su obra. Es uno de los grandes bienhechores de la humanidad.

Murió el 27 de septiembre del año 1660. El Santo Padre León XIII lo proclamó Patrono de todas las asociaciones católicas de caridad.

Su cuerpo permanece incorrupto. Descansa en una urna en la Iglesia de San Vicente de Paúl de París.

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Beato Federico Ozanam

Frederic Ozanam

El Beato Federico Ozanam, nació en Milán el 23 de abril de 1813. Es una excepcional figura de la Iglesia Moderna: “profundamente laico sin dejar de ser católico”, como lo expresaba el mismo. Por “laico” se refiere al contexto que quiso vivir su fe, una fe situada en el mundo, la que vivió intensamente como profesor en la Universidad de La Sorbona y escritor.

Sus padres fueron modelo para su vida adulta. Su padre oficial del ejército de Napoleón, ejerció ahí mismo su profesión de médico. Después de su destierro, asistió a enfermos hasta su muerte. Su madre era una mujer tremendamente cristiana, dedicaba su tiempo en la sección San Pedro de la Sociedad de las Veladoras (la veilleuse) a auxiliar a las personas en necesidad que estaban enfermas.

Muy joven, se traslada a París como estudiante de Leyes, aunque su verdadera vocación era la literatura. Durante sus estudios universitarios destaca su espíritu luchador e idealista, erigiéndose como una de las principales figuras representativas de los jóvenes católicos ante los ataques indiscriminados de parte del profesorado en la Universidad de La Sorbona, lugar donde estudió leyes.

En 1833 con 20 años de edad, Federico Ozanam, sin abandonar el apostolado o «caridad intelectual» que habrá de ejercer durante toda su vida, funda con el apoyo de Bailly y cinco compañeros, las Conferencias de la Caridad o Sociedad de San Vicente de Paul, con el ánimo de «consolidar la fe y de reanimar la caridad en la juventud católica», proyectándose en el encuentro personal con las personas de escasos recursos y trabajando así por la santificación personal y el Reino del Señor.

La Verdad y la Amistad son valores que marcan profundamente la vida de Federico Ozanam . Estaba convencido de que sin la Verdad, las acciones más generosas pueden desviar hacia las peores consecuencias. La búsqueda de la verdad, constituía en él una pasión devoradora.

El Beato Federico Ozanam oyó la llamada de la santidad; reconoció esa llamada y el desafío a crecer y desarrollarse en la vida divina que había recibido al ser bautizado. Buscó la santidad primero en su estado de soltero, después de casado y padre de familia. Federico comprendió que la unión con Jesucristo depende de nuestros deseo y prontitud de elegirle progresivamente a niveles cada más profundos ya sea diariamente o durante toda su existencia. Federico fue un hombre de piedad excepcional durante toda su vida.

En el año 1841 se casa con Amelia Soulacroix. De este matrimonio nace María, su única hija. El hogar es, según sus contemporáneos “ejemplar” y la familia constituye una pequeña iglesia.

En 1844 es nombrado profesor titular de la Sorbona, siendo el profesor más joven de la Universidad. En el año 1848 funda el periódico “L´Ere Nouvelle”. Su vida es una entrega total a la Iglesia de Jesucristo desde la Sociedad de San Vicente de Paúl, la cual crece rápidamente y se extiende por el mundo.

El trabajo universitario, el compromiso militante y las obligaciones familiares provocan un agotamiento que afecta a su salud. Federico cae gravemente enfermo en Pisa. Repatriado de urgencia, muere en Marsella el 8 de septiembre de 1853, tras dejar el secreto de su vida. Sus restos mortales son trasladados a París, a la cripta de la Iglesia de San José de los Carmelitas, en la parte trasera del Instituto Católico.

El viernes 22 de agosto de 1997, en el marco de las duodécimas Jornadas Mundiales de la Juventud, en la catedral de Nuestra Señora de París, Juan Pablo II beatifica a Federico Ozanam.

Su fiesta se celebra el 9 de septiembre.